Expresiones sintomáticas en niños
pequeños
Lic. Mónica Beatriz Rodríguez
¿Cuáles son los derechos de los
niños en estos tiempos de silenciamiento de los síntomas en la infancia?
¿Cuáles son los derechos de los
niños a sintomatizar, quejarse, protestar, denunciar acerca del mal-estar en el
cuerpo?...
Continuando con la pregunta
anterior… ¿es posible considerar los “trastornos o retrasos en el desarrollo”
en los tiempos instituyentes de la infancia como formas particulares de
responder a las demandas que su historia relacional y su tiempo sociocultural
le imponen?
¿Es posible pensar a estos
trastornos o desorganizaciones tempranas del desarrollo como expresiones
sintomáticas? ¿Cuál es su significación? ¿Para quién?
Contamos con suficiente material teórico y
constataciones provenientes de la clínica para afirmar que en el ser humano
será tan potente la “Anlage”[1]
como la determinación simbólica. Las consultas por retrasos madurativos
o por trastornos en el desarrollo y de
la comunicación, no son mera expresión de factores orgánicos, sino que dan
cuenta del entramado somatopsíquico al que estamos destinados los sujetos del
lenguaje.
Sin embargo vamos a
hablar de déficit motores cuando la injuria es básicamente orgánica, y perturbación
o trastorno psicomotor (pasibles de devenir en síntoma psicomotor) cuando
el déficit es por el lado de la inscripción del lenguaje[2]
en el cuerpo.
Se comprende cuál será
la significación del déficit neuromotriz, a cualquier nivel de las estructuras
nerviosas. Las lesiones orgánicas constituyen una explicación, un sentido a la
función perturbada, tratase de la función tónico motriz en déficit, en el caso
de las cuadri o hemiparesias con componente espástico, o en los trastornos
motores por lesión cerebelosa, cuya inestabilidad corresponde a perturbaciones
del equilibrio. En estos casos el sentido está dado por la lesión misma,
comprometiendo al organismo en su devenir cuerpo.
Cuando hablamos de
Psicomotricidad estamos hablando del modo en que el organismo es capturado por
el lenguaje, posibilitando la inscripción somatopsíquica. El “déficit”,
parafraseando a Bergès, va a quedar del lado de lo simbólico, en consecuencia,
tomando valor de síntoma psicomotor.
El desafío para todo ser humano consistirá
en lo siguiente: “donde el organismo era, mi cuerpo debe advenir”[3].
Vamos a detenernos para profundizar acerca de la
significación de lo que llamaré “devenir cuerpo”, o el modo en que concebimos
el desarrollo psicomotor y la estructuración psicomotriz. Veremos que si bien
“desarrollo” y “estructura” son dos conceptos diferenciados, se encuentran
enlazados en el funcionamiento corporal: no hay desarrollo sin estructura, ni
estructura sin desarrollo.
La maduración es un proceso que
sucede a nivel del equipamiento neurobiológico, acorde a la legalidad que le es
propia. Me estoy refiriendo a las leyes de maduración céfalo caudal y próximo
distal.
El desarrollo compete al
despliegue de funciones psicomotrices (tónica, postural, visual, motriz,
perceptiva, atencional, entre otras) y fisiológicas (digestiva, respiratoria,
cardiaca y otras), apoyándose sobre procesos madurativos y simbólicos.
Suponiendo un
paralelismo entre maduración del sistema nervioso y desarrollo de las
funciones, la explicación esencialmente fue organicista. Ya hemos visto que
hasta cuando los pruebas o estudios neurológicos eran negativos, una lesión o
un disfuncionamiento cerebral " aunque fuera mínimo " entonces era
invocado.
Los
psicomotricistas entendemos el desarrollo psicomotor como el representante de
las negociaciones del sujeto con su propio cuerpo y el otro. No se trata de un
efecto exclusivo de la maduración de las estructuras y las funciones, sino de
la puesta en funcionamiento de las mismas para y con el otro. Bergès dirá “puesta
en funcionamiento en la realización, bajo la mirada del Otro” (1991:7).
Estamos en condiciones
de ubicar un lado visible y un lado invisible del funcionamiento corporal.
El lado visible del
cuerpo está constituido por las producciones del cuerpo que abarcan los
diferentes aspectos instrumentales y que Leticia González dio en llamar “variables
relacionales” (González, 1988). Se trata del lado expresivo del cuerpo, de
la puesta en acto de la motricidad, del despliegue del campo posturo-motriz
y llevan la marca del modo de relación con el otro.
El lado invisible, por
su parte, corresponde a la estructura tónica, competente para recibir tanto las
aferencias y las eferencias, como los significantes que capturan al cuerpo
desde el entramado edípico de la madre.
Es Bergès quien nos
recomienda a los psicomotricistas, interesarnos
por aquella estructura que subtiende a las variables relacionales, esto es: el campo
tónico postural, asiento de la sensorialidad y el lenguaje:
“...A riesgo de sorprender quizá a algunos, diría
que el cuerpo de la
Psicomotricidad no es el cuerpo de la expresión, sino el
cuerpo de la recepción, es el cuerpo receptáculo, receptáculo de la mirada,
receptáculo de la voz, es dentro de este campo tónico que se ubica la
equilibración.” (Bergès,
1991:7)
El eje del cuerpo, es
la estructura de integración psicomotriz más arcaica. Es allí donde se alojan
las competencias innatas para ser receptáculo, espacio y tiempo de recepción de
las marcas, los trazos, las inscripciones de la presencia del cuerpo del otro
en el cuerpo[4].
El cuerpo del bebé basculando entre lo biológico -a través de los engramas
constitucionales- y la instancia deseante encarnada en los padres, se
constituye en el sitio o lugar donde se va gestionando la relación con el mundo
externo; constituye un “espacio donde circula y se conserva el placer y el
deseo del Otro” en la presentación del cuerpo y los objetos.
Veremos más adelante
que el campo tónico postural se erotiza tempranamente, por las acciones,
imágenes y palabras que derrama la madre sobre la motricidad desordenada y
desbordante del bebé, posibilitando las investiduras-atención y las
investiduras-percepción hacia el propio cuerpo y hacia el exterior[5].
Tal
cual lo corroboran las observaciones de bebés recién nacidos y sus madres: el
bebé queda alienado a las posturas, a los gestos y a los decires de su mamá,
como formas de alienación al campo simbólico, sostenido por la identificación
de la madre con su hijo a partir de su propia historia y su vivencia corporal[6].
Sin esta captación de lo orgánico por el placer y el deseo del Otro, no hay
desarrollo psicomotor posible, no hay inscripción del cuerpo en el campo del
lenguaje. Por estas vías es que el bebé se va anoticiando sobre su cuerpo y
sobre cuál es su lugar, dónde se lo espera y para qué.
EL
niño en escena: primeras entrevistas, motivos de consulta, encuentros con el
niño.
1- Julieta.
Sus padres consultan por un retraso madurativo que presenta la pequeña de 9
meses. Una hipotonía del eje no le permite sentarse, ni realizar
desplazamientos haciendo uso de algún modo de arrastre. El neurólogo que
realiza la derivación quiere esperar su evolución antes de realizar una RNM.
2- Tomás
La abuela paterna solicita tratamiento de estimulación temprana para su
nieto de 3 años y 6 meses que presenta retraso en el lenguaje. Lo derivan de un
centro educativo terapéutico depuse de haber recibido del neurólogo un
diagnostico de TGD “leve”. La abuela corrobora su levedad ya que en el jardín
no le interesa comunicarse con sus pares, pero sí lo hace con su maestra y con
una de las preceptoras.
3- Lucia
Desde hace más de 2 años concurre a tratamiento de ET a los 2 años 3 meses
aún no camina, se angustia frente a la posibilidad de desplazarse y caminara
partir de su iniciativa. Tiene un diagnóstico de cuadriparesia leve. Su mamá no
la suelta por temor a que se caiga, le restringe experiencias en las que pueda
poner su cuerpo en acción (subir y bajar escalones, ir a la plaza, estar con
otros niños, etc). Esta angustia de separación de los cuerpos se va a reeditar
en diferentes momentos constitutivos, de la pequeña
4- Tiago
Consulta su mamá desesperada porque su hijo no habla y necesitaría
estimulación del lenguaje y del juego. Tiago tiene 2 años y medios y en los
últimos meses recibió de un neurólogo el diagnostico de TGD. Medianamente el
diagnóstico fue fundamentado por cierto aislamiento y concentración al graficar
en la consulta (el medico le pedía la lapicera y Tiago no lo miraba ni se lo
entregaba. Siguen buscando hasta que en el Fleni a través de pruebas y test que
buscan corroborar el diagnóstico de TGD, lo confirman.
Discusion
La estructuración
psicomotriz va a estar atravesada por la legalidad del equipamiento
neurobiológico y por la legalidad del lenguaje, atravesamiento crucial que nos
diferencia de los animales y lejos de ser predecible, abre al campo del
significante y de las significaciones. El organismo es sensible a los efectos
del significante casi en la misma proporción que el significante es sensible a
la impronta de lo somático.[7]
(Jerusalinsky, 1988: 53).
Estas consideraciones
permiten suponer que los efectos de la experiencia y el lenguaje colaborarían
en la concentración de neurotransmisores y la construcción de redes sinápticas;
comprobable y verificable en las desorganizaciones tempranas del desarrollo.
Así vemos los efectos en la terapia psicomotriz en bebés y niños
pequeños diagnosticados con “retraso madurativo” que a posteriori de un tiempo
de intervenciones son dados de alta por sus pediatras con muy buen pronóstico.
En los últimos años, en el campo de
la neuropsicología ha habido muchas investigaciones que dieron por resultado un
nuevo concepto, el de “plasticidad cerebral”, que da cuenta de la capacidad que
posee el cerebro en desarrollo, de realizar nuevas sinapsis e integraciones
cuando algunas estructuras se han dañado y en estrecha dependencia de las
respuestas estimulantes del medio. Es la plasticidad de la red neuronal la que
permite la inscripción de la
experiencia. Estas experiencias con valor significante van a estar en el origen de las huellas sinápticas
y de las huellas psíquicas. (Ansermet; Magistretti, 2007)
Lo que origina y le da una legalidad al desarrollo
psicomotor, es la estructura psicomotriz: ese entramado somatopsíquico sometido
al “saber orgánico” (Bergès, 2004) y al
“saber inconsciente”.
Algunos momentos del
desarrollo psicomotor podrían bien considerarse “actos con valor
estructurante”, como son: la “mirada”[8],
la “sonrisa”, el “gateo”[9],
la “marcha” y el modo en que se ligaron y separaron del Otro. También podemos
leer en su contracara - la perturbación o el trastorno de la función- actos con valor sintomático destinados al
Otro, o la manera particular en que está sucediendo la estructuración
psicomotriz. La estructuración psicomotriz se alimenta de las conquistas
subjetivas que caracterizan al desarrollo psicomotor. En otras palabras, lo que
acontece en el desarrollo psicomotor no es sin consecuencias para la posición
subjetiva del niño y forma parte del
entramado de la estructuración psicomotriz.
[1] determinación genética para Spitz, concepto de
pulsión, como límite entre lo somático y lo psíquico para Freud
[2] Falta de sentido o un sentido congelado e
inamovible.
[3] Parafraseando un concepto trabajado por Freud “allí
donde ello era, yo deberá advenir”.
[4] destacando como esencial en este punto tanto
la ligazón como la separación de los cuerpos (dialéctica de la
presencia-ausencia).
[5]concepto
freudiano desarrollado en el capitulo 3
[6] Matriz temprana en la que la atención
espontánea, refleja o neurológica es capturada, e investida por el deseo del
Otro, mucho antes que la instancia subjetiva del yo pueda voluntariamente
dirigir la atención hacia los objetos y el mundo.
[7] Concepto de “permeabilidad biológica al
significante” acuñado por Alfredo Jerusalinsky.
[8] Se trata de la función visual puesta en
funcionamiento, por lo tanto excede al ojo, a la vista, a la fijación ocular, o
al contacto ocular.
[9] Muchos niños no transitan por el gateo
“clásico”, pero implementan algún modo de desplazamiento previo a la
bipedestación: arrastre en decúbito ventral, arrastre en posición sedente y
otros. Quiero destacar el valor del
desplazamiento como modalidad corporal de ausentarse, separarse del Otro.

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