jueves, 3 de octubre de 2013


Expresiones sintomáticas en niños pequeños
                                                                                 Lic. Mónica Beatriz Rodríguez

¿Cuáles son los derechos de los niños en estos tiempos de silenciamiento de los síntomas en la infancia?
¿Cuáles son los derechos de los niños a sintomatizar, quejarse, protestar, denunciar acerca del mal-estar en el cuerpo?...
Continuando con la pregunta anterior… ¿es posible considerar los “trastornos o retrasos en el desarrollo” en los tiempos instituyentes de la infancia como formas particulares de responder a las demandas que su historia relacional y su tiempo sociocultural le imponen?
¿Es posible pensar a estos trastornos o desorganizaciones tempranas del desarrollo como expresiones sintomáticas? ¿Cuál es su significación? ¿Para quién?
Contamos con suficiente material teórico y constataciones provenientes de la clínica para afirmar que en el ser humano será tan potente la “Anlage”[1] como la determinación simbólica. Las consultas por retrasos madurativos o por  trastornos en el desarrollo y de la comunicación, no son mera expresión de factores orgánicos, sino que dan cuenta del entramado somatopsíquico al que estamos destinados los sujetos del lenguaje.
            Sin embargo vamos a hablar de déficit motores cuando la injuria es básicamente orgánica, y perturbación o trastorno psicomotor (pasibles de devenir en síntoma psicomotor) cuando el déficit es por el lado de la inscripción del lenguaje[2] en el cuerpo.
        Se comprende cuál será la significación del déficit neuromotriz, a cualquier nivel de las estructuras nerviosas. Las lesiones orgánicas constituyen una explicación, un sentido a la función perturbada, tratase de la función tónico motriz en déficit, en el caso de las cuadri o hemiparesias con componente espástico, o en los trastornos motores por lesión cerebelosa, cuya inestabilidad corresponde a perturbaciones del equilibrio. En estos casos el sentido está dado por la lesión misma, comprometiendo al organismo en su devenir cuerpo.
       Cuando hablamos de Psicomotricidad estamos hablando del modo en que el organismo es capturado por el lenguaje, posibilitando la inscripción somatopsíquica. El “déficit”, parafraseando a Bergès, va a quedar del lado de lo simbólico, en consecuencia, tomando valor de síntoma psicomotor.
           El desafío para todo ser humano consistirá en lo siguiente: “donde el organismo era, mi cuerpo debe advenir”[3].
Vamos a detenernos para profundizar acerca de la significación de lo que llamaré “devenir cuerpo”, o el modo en que concebimos el desarrollo psicomotor y la estructuración psicomotriz. Veremos que si bien “desarrollo” y “estructura” son dos conceptos diferenciados, se encuentran enlazados en el funcionamiento corporal: no hay desarrollo sin estructura, ni estructura sin desarrollo.
La maduración es un proceso que sucede a nivel del equipamiento neurobiológico, acorde a la legalidad que le es propia. Me estoy refiriendo a las leyes de maduración céfalo caudal y próximo distal.
El desarrollo compete al despliegue de funciones psicomotrices (tónica, postural, visual, motriz, perceptiva, atencional, entre otras) y fisiológicas (digestiva, respiratoria, cardiaca y otras), apoyándose sobre procesos madurativos y simbólicos.
Suponiendo un paralelismo entre maduración del sistema nervioso y desarrollo de las funciones, la explicación esencialmente fue organicista. Ya hemos visto que hasta cuando los pruebas o estudios neurológicos eran negativos, una lesión o un disfuncionamiento cerebral " aunque fuera mínimo " entonces era invocado.
Los psicomotricistas entendemos el desarrollo psicomotor como el representante de las negociaciones del sujeto con su propio cuerpo y el otro. No se trata de un efecto exclusivo de la maduración de las estructuras y las funciones, sino de la puesta en funcionamiento de las mismas para y con el otro. Bergès dirá “puesta en funcionamiento en la realización, bajo la mirada del Otro” (1991:7).
            Estamos en condiciones de ubicar un lado visible y un lado invisible del funcionamiento corporal.
                El lado visible del cuerpo está constituido por las producciones del cuerpo que abarcan los diferentes aspectos instrumentales y que Leticia González dio en llamar “variables relacionales” (González, 1988). Se trata del lado expresivo del cuerpo, de la puesta en acto de la motricidad, del despliegue del campo posturo-motriz y llevan la marca del modo de relación con el otro.
                El lado invisible, por su parte, corresponde a la estructura tónica, competente para recibir tanto las aferencias y las eferencias, como los significantes que capturan al cuerpo desde el entramado edípico de la madre.   
                Es Bergès quien nos recomienda a los psicomotricistas,  interesarnos por aquella estructura que subtiende a las variables relacionales, esto es: el campo tónico postural, asiento de la sensorialidad y el lenguaje:            
“...A riesgo de sorprender quizá a algunos, diría que el cuerpo de la Psicomotricidad no es el cuerpo de la expresión, sino el cuerpo de la recepción, es el cuerpo receptáculo, receptáculo de la mirada, receptáculo de la voz, es dentro de este campo tónico que se ubica la equilibración.” (Bergès, 1991:7)

                El eje del cuerpo, es la estructura de integración psicomotriz más arcaica. Es allí donde se alojan las competencias innatas para ser receptáculo, espacio y tiempo de recepción de las marcas, los trazos, las inscripciones de la presencia del cuerpo del otro en el cuerpo[4]. El cuerpo del bebé basculando entre lo biológico -a través de los engramas constitucionales- y la instancia deseante encarnada en los padres, se constituye en el sitio o lugar donde se va gestionando la relación con el mundo externo; constituye un “espacio donde circula y se conserva el placer y el deseo del Otro” en la presentación del cuerpo y los objetos.
                Veremos más adelante que el campo tónico postural se erotiza tempranamente, por las acciones, imágenes y palabras que derrama la madre sobre la motricidad desordenada y desbordante del bebé, posibilitando las investiduras-atención y las investiduras-percepción hacia el propio cuerpo y hacia el exterior[5].
                Tal cual lo corroboran las observaciones de bebés recién nacidos y sus madres: el bebé queda alienado a las posturas, a los gestos y a los decires de su mamá, como formas de alienación al campo simbólico, sostenido por la identificación de la madre con su hijo a partir de su propia historia y su vivencia corporal[6]. Sin esta captación de lo orgánico por el placer y el deseo del Otro, no hay desarrollo psicomotor posible, no hay inscripción del cuerpo en el campo del lenguaje. Por estas vías es que el bebé se va anoticiando sobre su cuerpo y sobre cuál es su lugar, dónde se lo espera y para qué.           

EL niño en escena: primeras entrevistas, motivos de consulta, encuentros con el niño.

1- Julieta.
Sus padres consultan por un retraso madurativo que presenta la pequeña de 9 meses. Una hipotonía del eje no le permite sentarse, ni realizar desplazamientos haciendo uso de algún modo de arrastre. El neurólogo que realiza la derivación quiere esperar su evolución antes de realizar una RNM.
2- Tomás
La abuela paterna solicita tratamiento de estimulación temprana para su nieto de 3 años y 6 meses que presenta retraso en el lenguaje. Lo derivan de un centro educativo terapéutico depuse de haber recibido del neurólogo un diagnostico de TGD “leve”. La abuela corrobora su levedad ya que en el jardín no le interesa comunicarse con sus pares, pero sí lo hace con su maestra y con una de las preceptoras.
3- Lucia
Desde hace más de 2 años concurre a tratamiento de ET a los 2 años 3 meses aún no camina, se angustia frente a la posibilidad de desplazarse y caminara partir de su iniciativa. Tiene un diagnóstico de cuadriparesia leve. Su mamá no la suelta por temor a que se caiga, le restringe experiencias en las que pueda poner su cuerpo en acción (subir y bajar escalones, ir a la plaza, estar con otros niños, etc). Esta angustia de separación de los cuerpos se va a reeditar en diferentes momentos constitutivos, de la pequeña
4- Tiago
Consulta su mamá desesperada porque su hijo no habla y necesitaría estimulación del lenguaje y del juego. Tiago tiene 2 años y medios y en los últimos meses recibió de un neurólogo el diagnostico de TGD. Medianamente el diagnóstico fue fundamentado por cierto aislamiento y concentración al graficar en la consulta (el medico le pedía la lapicera y Tiago no lo miraba ni se lo entregaba. Siguen buscando hasta que en el Fleni a través de pruebas y test que buscan corroborar el diagnóstico de TGD,  lo confirman.
Discusion
                La estructuración psicomotriz va a estar atravesada por la legalidad del equipamiento neurobiológico y por la legalidad del lenguaje, atravesamiento crucial que nos diferencia de los animales y lejos de ser predecible, abre al campo del significante y de las significaciones. El organismo es sensible a los efectos del significante casi en la misma proporción que el significante es sensible a la impronta de lo somático.[7] (Jerusalinsky, 1988: 53).
                Estas consideraciones permiten suponer que los efectos de la experiencia y el lenguaje colaborarían en la concentración de neurotransmisores y la construcción de redes sinápticas; comprobable y verificable en las desorganizaciones tempranas del desarrollo. Así vemos los efectos en la terapia psicomotriz en bebés y niños pequeños diagnosticados con “retraso madurativo” que a posteriori de un tiempo de intervenciones son dados de alta por sus pediatras con muy buen pronóstico.
En los últimos años, en el campo de la neuropsicología ha habido muchas investigaciones que dieron por resultado un nuevo concepto, el de “plasticidad cerebral”, que da cuenta de la capacidad que posee el cerebro en desarrollo, de realizar nuevas sinapsis e integraciones cuando algunas estructuras se han dañado y en estrecha dependencia de las respuestas estimulantes del medio. Es la plasticidad de la red neuronal la que permite la inscripción  de la experiencia. Estas experiencias con valor significante  van a estar en el origen de las huellas sinápticas y de las huellas psíquicas. (Ansermet; Magistretti, 2007)
Lo que origina y le da una legalidad al desarrollo psicomotor, es la estructura psicomotriz: ese entramado somatopsíquico sometido al “saber orgánico” (Bergès, 2004)  y al “saber inconsciente”.
                Algunos momentos del desarrollo psicomotor podrían bien considerarse “actos con valor estructurante”, como son: la “mirada”[8], la “sonrisa”, el “gateo”[9], la “marcha” y el modo en que se ligaron y separaron del Otro. También podemos leer en su contracara - la perturbación o el trastorno de la función-  actos con valor sintomático destinados al Otro, o la manera particular en que está sucediendo la estructuración psicomotriz. La estructuración psicomotriz se alimenta de las conquistas subjetivas que caracterizan al desarrollo psicomotor. En otras palabras, lo que acontece en el desarrollo psicomotor no es sin consecuencias para la posición subjetiva del niño y  forma parte del entramado de la estructuración psicomotriz.





[1] determinación genética para Spitz, concepto de pulsión, como límite entre lo somático y lo psíquico para Freud
[2] Falta de sentido o un sentido congelado e inamovible.
[3] Parafraseando un concepto trabajado por Freud “allí donde ello era, yo deberá advenir”.
[4] destacando como esencial en este punto tanto la ligazón como la separación de los cuerpos (dialéctica de la presencia-ausencia).
[5]concepto  freudiano desarrollado en el capitulo 3
[6] Matriz temprana en la que la atención espontánea, refleja o neurológica es capturada, e investida por el deseo del Otro, mucho antes que la instancia subjetiva del yo pueda voluntariamente dirigir la atención hacia los objetos y el mundo.
[7] Concepto de “permeabilidad biológica al significante” acuñado por Alfredo Jerusalinsky.
[8] Se trata de la función visual puesta en funcionamiento, por lo tanto excede al ojo, a la vista, a la fijación ocular, o al contacto ocular.
[9] Muchos niños no transitan por el gateo “clásico”, pero implementan algún modo de desplazamiento previo a la bipedestación: arrastre en decúbito ventral, arrastre en posición sedente y otros. Quiero destacar  el valor del desplazamiento como modalidad corporal de ausentarse, separarse del Otro.

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