sábado, 18 de junio de 2011

¿Por qué a los niños les gusta “escribir”? El cuerpo en la escritura

Lic.Mónica Beatriz Rodriguez, Psicomotricista.
                                                                                                  
Ella decide cuando es de día 
ella maneja el sol
anda pintando toda la casa
con trozos de crayón.(…)
píntame un árbol que no envejezca
pinta en mi habitación
un árbol verde con hojas frescas
pinta con tu crayón

¿Se acuerdan de esta canción?

Varios de nosotros la cantamos en la juventud y disfrutamos imaginándonos a esa niñita mamarrachando las paredes para el placer de su papá. La escena cambió de color cuando esa pasión por el graffiti la vivimos en carne propia. Sin embargo hay un sentimiento ambivalente entre el placer que nos produce ver a nuestros hijos en una actividad tan creativa y los manchones y garabatos que quedan estampados en esa pared recién pintada. En algún lugar sentimos que la estampida gráfica fue destinada a nosotros; a nuestro goce y a nuestra furia…”me escribiste la pared recién pintada!!!”. Tal vez se trata en cada acto psicomotor que realiza un niño una direccionalidad que toca al cuerpo del adulto, en particular si se trata de los padres. Y no es sin esta trasgresión y agresividad puesta en juego con el otro que los niños van conquistando y apropiándose de su psicomotricidad y sus posibilidades motrices.

Antes de que la mano se dedique a la tarea de escribir fue el niño con todo el cuerpo el que fue dejando huella, haciendo escritura. Mucho antes aún, desde un punto de vista lógico, el cuerpo del niño fue soporte material y simbólico, como si fuera hoja de papel, donde se inscribió la letra que la mano de la madre o quien se hizo cargo de la crianza supo deslizar en el ejercicio de la función materna.

La mano del niño que fue libidinizada, erogeneizada y habilitada para investir el cuerpo materno y el cuerpo propio es la misma mano que se va a proyectar en el espacio físico y posteriormente en el espacio gráfico. Así, el graficar tiene el carácter de variable relacional (González, 2009), como producción del cuerpo en tanto proyección destinada a otro. Las huellas, marcas, pisadas que el niño va dejando en el espacio, son efímeras, pierden presencia pasado el instante de su ejecución; sin embargo, constituyen actos de escritura, la prehistoria del grafismo[1]. El cuerpo no es solo espacialidad sino instrumento con el que el niño deja “su sello”, su marca en un espacio que se constituirá en espacio gráfico a partir de la acción misma de graficar. Con esto quiero decir que el espacio gráfico no es un espacio dado sino “habitado”, “conquistado” y “creado” como tal. Pienso el piso, la pared, el pizarrón, la hoja, el cuaderno, como representantes simbólicos del espacio corporal que el niño habitó y encontró sostén y seguridad (el cuerpo materno). Los diferentes soportes-espacios gráficos con los que el niño se va a encontrar van a reeditar la manera particular de vincularse según la huella memorizada de ese encuentro con el otro.

Graficar significa escribir usando un instrumento; viene del griego “graphé”: grafía, acción de escribir, y de ésta, graffiti y gráfico. En Grecia la misma palabra bastaba para escribir y pintar: “graphein”. La palabra grafito, viene del griego “graphis”, lápiz, haciendo referencia al material con que se hacen los lápices. Pero mucho antes de que el instrumento sea un lápiz, cualquier elemento es útil para dejar marcas; prolongan a la mano, a los dedos- especialmente el índice- en esa tarea humana y subjetiva que constituye la escritura. La escritura, en sus rasgos caligráficos, denota el carácter subjetivo que alude a la propia identidad.

¿Acaso el niño pequeño no es un experto en esta materia a través de los juegos de embadurnamiento con la comida, o las marcas que fue dejando con sus dedos y manos al transitar por la casa, en muebles y paredes? Estos primeros grafismos constituyen los primeros intentos de transformar el espacio en espacio gráfico. Transitar por la escritura es transitar el camino de la humanización. Los primeros trazos con los que se expresa el niño utilizan la motricidad global, los diferentes puntos de apoyo, los pies, la superficie corporal, las manos, la lengua, para que a posteriori sea la mano la que condense la capacidad de hacer marca, hacer escritura. Estas primeras expresiones gráficas implican la presencia del cuerpo y constituyen gestos gráficos con valor significante.

Cuando uno se encuentra frente a la producción gráfica de un niño (garabatos, grafismos, dibujos, manchas, letras, pinturas) es el adulto el que le da significación, formas simbólicas que anticipan una producción por venir; de la misma manera que la actividad espontanea del bebé es sancionada por el adulto como jugar, con anterioridad a que aparezca el juego como función simbólica.

Por otro lado podemos situarla cronológicamente, tener idea aproximada de la edad de su autor, leer qué de la singularidad del niño se proyecta en el papel, el uso que hace de la hoja, su organización, la precisión y control del movimiento, la calidad del trazo, la habilidad para el uso de su mano o del instrumento, el contenido, la intencionalidad, el significado que el niño le otorga; también es posible leer los defasajes, los obstáculos, las detenciones, las desarmonías, lo dis-grafico del gesto gráfico.

En algún momento, la escuela dejó de transmitir ciertos saberes respecto de la legalidad de la escritura y del espacio gráfico; sin embargo, la escuela que ya no enseña técnicas de escritura, le demanda a los niños-alumnos por la eficiencia en el trazado de los grafismos y el uso correcto del cuaderno. Como si la escritura y el espacio gráfico fueran objetos que se imponen o se incorporan sin la experiencia necesaria entre el niño y el adulto que crea las condiciones para la apropiación y dominio de dichos objetos, como símbolos de la escuela. Como si la escritura quedara reducida a un objeto de conocimiento que se construye o que entra... ¿la letra que entra con sangre...sudor y lágrimas?

¿Dónde quedó la experiencia corporal ofertada en otras etapas de la constructividad corporal? ¿Qué de la postura, las tensiones, las adecuaciones tónicoposturales o perceptivomotrices?

No es lo mismo definir el escribir como producto de la interacción entre el sujeto cognitivo y la escritura (objeto de conocimiento) que definir el escribir como una acción, que involucra al cuerpo de un sujeto en movimiento. En un caso escribir es una actividad mental, cognitiva; en el otro caso escribir es un acto psicomotor, es acción y representación, una gnoseopraxia[2] en la que interviene tanto el conocimiento del cuerpo, el saber sobre el cuerpo, como el conocimiento de la lengua. El acto de escritura se enlaza sorprendentemente al cuerpo y el lenguaje. El acto de escritura implica un ajuste del cuerpo a la legalidad del lenguaje escrito y del espacio gráfico en el que éste se despliega[3]. El acto de escribir es una acción humana tanto material como simbólica (gesto gráfico), una actividad que enlaza en otro nivel de simbolización, a la postura y la comunicación.

La escritura también enlaza el cuerpo a la cultura: la escritura fue una invención que dio vuelta la historia de la humanidad. El valor que tiene aún hoy la escritura es heredero de ese invento que se remonta a más de 5000 años y de los contextos en los que desarrolló, en particular, en los últimos 200 años, el contexto escolar[4].

El gesto gráfico escolarizado no sólo se somete a la legalidad de la lengua escrita sino que incorpora las demandas históricas de la cultura escolar. Debe someterse a la ley de la escritura, perder la libertad, la espontaneidad, para ajustarse a los caminos indicados por la letra... hay que “hacer buena letra”, disciplinar el grafismo si un niño quiere transformarse en alumno. Así como el niño se apropia de “la lengua materna”, por la donación que realiza la madre, la escritura está sometida a la ley del padre. Varios dichos populares nos recuerdan cómo la escritura representa la ley y el orden: “hacer buena letra”; “poner los puntos sobre la íes”, “al pie de la letra”; “la letra con sangre entra”. (Calmels 1998)

Del garabato a la escritura el niño debera reprimir la espontaneidad y la libertad de acción, frenar sus impulsividad, pasar de escribir con la totalidad del cuerpo a segmentarizar el funcionamiento al uso de la mano y el control posturomotriz que este ajuste demanda . Sin embargo la estructura tónico postural, como telón de fondo, está siempre presente, es ahí donde no podemos eludir al cuerpo, es más, el cuerpo esta presente en la medida en que está ausente: ausente en el silencio de la representación y de la distensión.

En los primeros aprendizajes de los trazos, dibujos y letras el niño vuelve al tallado, busca la profundidad en la hoja, utiliza al lápiz como si fuera un punzón, realiza presión, a veces necesita tocar la mina del lápiz o la pluma de la lapicera para contactar la yema de los dedos con el material que luego se plasma en el trazo: involucra a todo su cuerpo, “no es lo gráfico manual, es lo gráfico corporal” ...”el niño escribe con todo su cuerpo y el cuerpo escribe con todo el niño” (Calmels, 1998) A veces demasiado presente en la tensión de manera que obstaculiza la adecuación del cuerpo a la escritura (disgrafías, calambres del escribiente). Es ahí, en la estructura tónico postural donde ubicamos el origen de los trastornos de la escritura, las llamadas disgrafías. También en el lugar que asumen los objetos escolares (lápiz, cuadernos, pupitre, pizarrón), en la relación entre el niño y el adulto, la calidad de las experiencias con esos objetos y los modos de transmisión, la escena discursiva en que acontece la enseñanza y el aprendizaje de la escritura, particularmente la cursiva o la “manoescrita” como la denominan muchos niños. En la clínica psicomotriz a partir de consultas he podido constatar disgrafías con valor de síntoma para el niño anudadas a los avatares de la conflictiva edípica y disgrafías como síntomas escolares o más comúnmente la combinación de ambos. El niño ingresa a la escuela con un saber acerca de la escritura, un saber y un modo de conocer que no excluye ni la historia del cuerpo ni las experiencias escolares que van delineando el armado de la subjetividad.

Agosto de 2009

CALMELS, Daniel (1998) “El cuerpo en la escritura”, Capítulo de Psicomotricidad, Bs As, D&B editores

GONZALEZ, Leticia (2009) “Apuntes sobre el desarrollo psicomotor”, Bs As, Ed. Eduntref

RODRIGUEZ, Mónica B (2004) “De grafismos, dibujos y escritura.

Algunas conceptualizaciones desde la P

Psicomotricidad”, clase correspondiente al

seminario “El grafismo y su relación con lo

inconciente” de la Revista de Psicoanálisis de

niños “FORT-DA(http://www.fort-da.org/)


[1] El grafismo, en su forma de garabato, dibujos o lenguaje escrito, es un hecho de cultura, es una praxia que diferencia al hombre de las demás especies animales, es un intento de expresión, comunicación y trascendencia. La escritura es siempre comunicación, aún consigo mismo.

[2] Así la define el Dr Julián De Ajuriaguerra

[3] El tiempo, la temporalidad se inscriben en el cuerpo a partir del lenguaje oral, la lengua materna. Es la lengua materna la que debe reconstruirse a partir de la especialidad impuesta por la escritura.

[4] Cuenta Emilia Ferreiro, que en las primitivas sociedades donde se inventaron algunos de los sistemas de escritura, fue necesario que se formaran profesionales especializados en ese arte: grabar en arcilla o en piedra, pintar en seda, tablillas de bambú, papiro o en muros, esos signos misteriosos, ligados al ejercicio del poder. Además las funciones de leer y escribir estaban claramente separadas (los escribas no eran lectores y los lectores no eran escribas). En esa época no había fracaso escolar, a pesar del riguroso entrenamiento al que eran sometidos los elegidos como escribas. Sostiene, E Ferreiro que todos los problemas de alfabetización comenzaron cuando se decidió que escribir no era una profesión, sino una obligación y que leer no era marca de sabiduría sino marca de ciudadanía. La escuela supo enseñar las técnicas para que luego surgiera como por arte de magia el arte, y el fracaso de los que no lo conseguía paso a se responsabilidad de los alumnos (debilidad, inmadurez, dislexia) y en las últimas décadas del XX problemas socioculturales.

STOP DSM

sábado, 4 de junio de 2011

Aprendizaje y perturbación psicomotriz

¿Qué nos dice la perturbación o trastorno psicomotor de cada niño en particular?

¿Por qué decimos que el funcionamiento psicomotor de un niño se encuentra perturbado?

Me interesa reflexionar con Uds. sobre aquello de la perturbación psicomotriz que hace obstáculo en el aprendizaje y en lo que la escuela le pide al niño.

Acerca de “perturbar”, nos dice el diccionario: “trastornar el orden y concierto, la quietud o el sosiego de algo o alguien”; también, “impedir el orden del discurso al que va hablando”. Luego nos aclara el diccionario: “la turbación está en los sentimientos”, “la confusión está en las ideas”. También encontramos algunos sinónimos: “desorden, alteración, trastorno, desarreglo, turbación”.

Voy a subrayar algunas palabras que nos interesan a los psicomotricistas: orden, quietud, discurso, sentimientos, ideas.

Tomando la riqueza del lenguaje... ¿podríamos decir que la organización psicomotriz, el orden previsto para que ella suceda, hace otro recorrido, desordenado, a veces confuso, invirtiendo el sentido a nivel del campo tónico-postural, comprometiendo a las emociones, las ideas o el pensamiento, e impidiendo el discurso de aquel que está comenzando a hablar?

Leonardo tiene 5 años. Es derivado a Psicomotricidad porque es torpe, ambidiestro, con dificultades para cortar, dificultades a nivel gráfico, muy inquieto, sumamente tenso, se dispersa con facilidad y recurre todo el tiempo al adulto para que haga por él o le diga cómo hacer.

Estos signos están a la vista, se dan a ver. Ahora... ¿Cuál es el valor que los psicomotricistas le damos a los signos, a las señales que hace el cuerpo?

Ya en los años 70 el Dr. Bergès ubicaba a la Psicomotricidad como un “abordaje que obliga a poner en relación informaciones de distinta índole... mientras que en las perturbaciones motrices son de una sóla índole, de índole motriz.

Cabe preguntarnos nuevamente, ¿la perturbación psicomotriz son los signos?

En principio como nos aconseja el Dr. Bergès no sería conveniente dejarse encandilar por lo que el cuerpo muestra o por las formas caricaturescas que el cuerpo da a ver. Si nos dejamos engañar por lo ruidoso de la hiperkinesia, de la inestabilidad o de la torpeza, corremos el riesgo de no escuchar al niño en su cuerpo.

¿Cómo no dar cuenta de la incoordinación psicomotriz de Leo, de la confusión espacial, de la discontinuidad en su accionar?

Es imprescindible ir en busca de las palabras que posicionan al cuerpo del niño: mirar y escuchar. Relacionar las distintas informaciones, los múltiples discursos y las vicisitudes identificatorias del sujeto en donde su manera de ser y de hacer tienen una particular significación. Hemos aprendido a pensar al cuerpo pivoteando entre la imagen que el cuerpo da y lo dicho sobre él, el discurso que porta.

¿La perturbación psicomotriz es de lo visible del cuerpo? ¿O da cuenta de lo que no está a la vista, lo que oculta, lo no visible?

En la primera entrevista los padres de Leo manifiestan su malestar por la inquietud de su hijo, por la demanda continua que los desborda y las propias dificultades para ponerle límites. Leo es el segundo hijo de la pareja después de diez que hubiera nacido el hijo mayor. Tanto la situación de embarazo como la del parto y el puerperio fueron vividas angustiosa y traumáticamente por su mamá. A raíz de una inexplicable convulsión febril de Leo a los 10 meses, quedó instalada la sospecha de secuelas respecto a su posterior maduración y a una actitud de sobreprotección hacia el niño.

“Los trastornos psicomotores están relacionados a menudo con una posición de los padres poco establecida y poco nítida”. (Bergès).

El estatuto del cuerpo para la Psicomotricidad consiste en comprenderlo como una particular articulación de las estructuras de integración (a nivel del equipo neurobiológico), la expresión de la historia personal, los modos de relación y las modalidades de acción en el hacer y el jugar.

Lo que el cuerpo porta como organismo y lo que dicen y se imaginan los padres respecto del cuerpo de su hijo va orientando el sentido y la dirección de la constructividad corporal. Podemos decir que en las perturbaciones psicomotrices están comprometidas y articuladas tanto la organización yoica como la disposiciones tónicas innatas y adquiridas a través de las relaciones e intercambios que el niño haya gestionado con su otro.

Al interrogarnos por la perturbación psicomotriz de un sujeto no siempre es posible pesquizar las condiciones en las cuales se han originado las disarmonías evolutivas. A veces la búsqueda de la causalidad no nos permite trabajar cerca de las necesidades del niño... y los niños que presentan algún trastorno psicomotor nos llevan a pensar e imaginarnos diversas causa. En verdad, no se trata de encontrar “la causa”, considerada en muchos casos como el indicador de la perturbación suponiendo una relación de causalidad directa con el malestar o las dificultades del niño.

¿Cómo separar el proceso madurativo de lo que está inscripto por el intercambio con el otro que arma múltiples significaciones para el cuerpo del hijo?

Cuando Leo llega a la consulta psicomotriz, existía tanto desde los padres como desde la escuela el interrogante por el lado de las estructuras o funciones neurológicas o neuropsicológicas:...”¿los desórdenes en la lateralidad y la torpeza no estarán determinados por las convulsiones que Leo tuvo de bebé?”. Es necesario aclarar que el neuropediatra que lo atendió haciendo seguimiento durante los primeros años le restó importancia al episodio convulsivo a partir de la clínica y del diagnóstico por imágenes.

La ambigüedad de las perturbaciones psicomotrices fue señalada por el Dr. De Ajuriaguerra al decir que “los trastornos oscilan entre lo somático y lo psíquico, entre la vivencia más o menos deseada y la vivencia más o menos padecida.”

Es sumamente importante comprender a las perturbaciones instrumentales con valor de síntoma, integrándose en el marco de la evolución conjunta del desarrollo y la estructura subjetiva, respondiendo en algunos casos a una organización defensiva, esto es, a un posicionamiento particular del niño respecto de sus padres. Lo que caracteriza a las perturbaciones psicomotrices es una tendencia a la expresión tónica y motriz de las tensiones internas por sobre los procesos de simbolización (creatividad, imaginación, verbalización, pensamiento).

Dice el Dr. Diatkine: “... cuanto más tendencia tiene un sujeto a regular su equilibrio mediante descargas motrices, somatizaciones o inhibiciones, menos tiende a organizar procesos mentales”.

Esto nos lleva directamente a inferir la conflictiva que se le presenta al niño con este manejo defectuoso de su cuerpo, para responder a las demandas que la escuela le solicita por un lado, a nivel de la adecuación tónico-postural, manejo segmentario de su cuerpo, uso del espacio gráfico, utilización de objetos y útiles escolares; actitudes de autonomía respecto de las funciones y el funcionamiento del cuerpo; por otro lado , a nivel de las representaciones mentales, siendo que si el cuerpo se encuentra tan presente para el niño en el plano de la acción y muchas veces de la actuación, si el cuerpo se encuentra tan presente en y para la mirada del otro, si no ha podido atravesar la dialéctica de la presencia-ausencia del cuerpo; observamos en la clínica y seguramente ustedes en el ámbito escolar que se accede con diversas dificultades al plano de las representaciones, del pensamiento y en consecuencia de los procesos de aprendizaje.

Nos dice la Lic.González: “El sujeto que padece un síntoma psicomotor ha sido tomado, sorprendido en su cuerpo, particularmente en su tono (por su doble condición psicosomática), para que atestigue y exprese antiguos desencuentros que no ha podido metabolizar”.

La psicomoticidad entiende a la perturbación psicomotriz más allá de lo que se da a ver, no sólo en el disfuncionamiento, sino como la expresión de un padecimiento cuyo escenario es el cuerpo en su campo tónico-postural de donde emergen la motricidad y las imágenes.

Se trata de la postura y la comunicación, cuna de los intercambios con el otro, de la relación entre los cuerpos, del soporte de lo simbólico que arma distancia, diferencias y es el motor de la estructuración psicomotriz. Quiero decir que lo simbólico no está como punto de llegada o como resultante de la estructura, sino que se encuentra en los orígenes del cuerpo, armando un sentido, un destino para el cuerpo de un sujeto.

Lic. Mónica Beatriz Rodríguez

Noviembre 1998