sábado, 4 de junio de 2011

Aprendizaje y perturbación psicomotriz

¿Qué nos dice la perturbación o trastorno psicomotor de cada niño en particular?

¿Por qué decimos que el funcionamiento psicomotor de un niño se encuentra perturbado?

Me interesa reflexionar con Uds. sobre aquello de la perturbación psicomotriz que hace obstáculo en el aprendizaje y en lo que la escuela le pide al niño.

Acerca de “perturbar”, nos dice el diccionario: “trastornar el orden y concierto, la quietud o el sosiego de algo o alguien”; también, “impedir el orden del discurso al que va hablando”. Luego nos aclara el diccionario: “la turbación está en los sentimientos”, “la confusión está en las ideas”. También encontramos algunos sinónimos: “desorden, alteración, trastorno, desarreglo, turbación”.

Voy a subrayar algunas palabras que nos interesan a los psicomotricistas: orden, quietud, discurso, sentimientos, ideas.

Tomando la riqueza del lenguaje... ¿podríamos decir que la organización psicomotriz, el orden previsto para que ella suceda, hace otro recorrido, desordenado, a veces confuso, invirtiendo el sentido a nivel del campo tónico-postural, comprometiendo a las emociones, las ideas o el pensamiento, e impidiendo el discurso de aquel que está comenzando a hablar?

Leonardo tiene 5 años. Es derivado a Psicomotricidad porque es torpe, ambidiestro, con dificultades para cortar, dificultades a nivel gráfico, muy inquieto, sumamente tenso, se dispersa con facilidad y recurre todo el tiempo al adulto para que haga por él o le diga cómo hacer.

Estos signos están a la vista, se dan a ver. Ahora... ¿Cuál es el valor que los psicomotricistas le damos a los signos, a las señales que hace el cuerpo?

Ya en los años 70 el Dr. Bergès ubicaba a la Psicomotricidad como un “abordaje que obliga a poner en relación informaciones de distinta índole... mientras que en las perturbaciones motrices son de una sóla índole, de índole motriz.

Cabe preguntarnos nuevamente, ¿la perturbación psicomotriz son los signos?

En principio como nos aconseja el Dr. Bergès no sería conveniente dejarse encandilar por lo que el cuerpo muestra o por las formas caricaturescas que el cuerpo da a ver. Si nos dejamos engañar por lo ruidoso de la hiperkinesia, de la inestabilidad o de la torpeza, corremos el riesgo de no escuchar al niño en su cuerpo.

¿Cómo no dar cuenta de la incoordinación psicomotriz de Leo, de la confusión espacial, de la discontinuidad en su accionar?

Es imprescindible ir en busca de las palabras que posicionan al cuerpo del niño: mirar y escuchar. Relacionar las distintas informaciones, los múltiples discursos y las vicisitudes identificatorias del sujeto en donde su manera de ser y de hacer tienen una particular significación. Hemos aprendido a pensar al cuerpo pivoteando entre la imagen que el cuerpo da y lo dicho sobre él, el discurso que porta.

¿La perturbación psicomotriz es de lo visible del cuerpo? ¿O da cuenta de lo que no está a la vista, lo que oculta, lo no visible?

En la primera entrevista los padres de Leo manifiestan su malestar por la inquietud de su hijo, por la demanda continua que los desborda y las propias dificultades para ponerle límites. Leo es el segundo hijo de la pareja después de diez que hubiera nacido el hijo mayor. Tanto la situación de embarazo como la del parto y el puerperio fueron vividas angustiosa y traumáticamente por su mamá. A raíz de una inexplicable convulsión febril de Leo a los 10 meses, quedó instalada la sospecha de secuelas respecto a su posterior maduración y a una actitud de sobreprotección hacia el niño.

“Los trastornos psicomotores están relacionados a menudo con una posición de los padres poco establecida y poco nítida”. (Bergès).

El estatuto del cuerpo para la Psicomotricidad consiste en comprenderlo como una particular articulación de las estructuras de integración (a nivel del equipo neurobiológico), la expresión de la historia personal, los modos de relación y las modalidades de acción en el hacer y el jugar.

Lo que el cuerpo porta como organismo y lo que dicen y se imaginan los padres respecto del cuerpo de su hijo va orientando el sentido y la dirección de la constructividad corporal. Podemos decir que en las perturbaciones psicomotrices están comprometidas y articuladas tanto la organización yoica como la disposiciones tónicas innatas y adquiridas a través de las relaciones e intercambios que el niño haya gestionado con su otro.

Al interrogarnos por la perturbación psicomotriz de un sujeto no siempre es posible pesquizar las condiciones en las cuales se han originado las disarmonías evolutivas. A veces la búsqueda de la causalidad no nos permite trabajar cerca de las necesidades del niño... y los niños que presentan algún trastorno psicomotor nos llevan a pensar e imaginarnos diversas causa. En verdad, no se trata de encontrar “la causa”, considerada en muchos casos como el indicador de la perturbación suponiendo una relación de causalidad directa con el malestar o las dificultades del niño.

¿Cómo separar el proceso madurativo de lo que está inscripto por el intercambio con el otro que arma múltiples significaciones para el cuerpo del hijo?

Cuando Leo llega a la consulta psicomotriz, existía tanto desde los padres como desde la escuela el interrogante por el lado de las estructuras o funciones neurológicas o neuropsicológicas:...”¿los desórdenes en la lateralidad y la torpeza no estarán determinados por las convulsiones que Leo tuvo de bebé?”. Es necesario aclarar que el neuropediatra que lo atendió haciendo seguimiento durante los primeros años le restó importancia al episodio convulsivo a partir de la clínica y del diagnóstico por imágenes.

La ambigüedad de las perturbaciones psicomotrices fue señalada por el Dr. De Ajuriaguerra al decir que “los trastornos oscilan entre lo somático y lo psíquico, entre la vivencia más o menos deseada y la vivencia más o menos padecida.”

Es sumamente importante comprender a las perturbaciones instrumentales con valor de síntoma, integrándose en el marco de la evolución conjunta del desarrollo y la estructura subjetiva, respondiendo en algunos casos a una organización defensiva, esto es, a un posicionamiento particular del niño respecto de sus padres. Lo que caracteriza a las perturbaciones psicomotrices es una tendencia a la expresión tónica y motriz de las tensiones internas por sobre los procesos de simbolización (creatividad, imaginación, verbalización, pensamiento).

Dice el Dr. Diatkine: “... cuanto más tendencia tiene un sujeto a regular su equilibrio mediante descargas motrices, somatizaciones o inhibiciones, menos tiende a organizar procesos mentales”.

Esto nos lleva directamente a inferir la conflictiva que se le presenta al niño con este manejo defectuoso de su cuerpo, para responder a las demandas que la escuela le solicita por un lado, a nivel de la adecuación tónico-postural, manejo segmentario de su cuerpo, uso del espacio gráfico, utilización de objetos y útiles escolares; actitudes de autonomía respecto de las funciones y el funcionamiento del cuerpo; por otro lado , a nivel de las representaciones mentales, siendo que si el cuerpo se encuentra tan presente para el niño en el plano de la acción y muchas veces de la actuación, si el cuerpo se encuentra tan presente en y para la mirada del otro, si no ha podido atravesar la dialéctica de la presencia-ausencia del cuerpo; observamos en la clínica y seguramente ustedes en el ámbito escolar que se accede con diversas dificultades al plano de las representaciones, del pensamiento y en consecuencia de los procesos de aprendizaje.

Nos dice la Lic.González: “El sujeto que padece un síntoma psicomotor ha sido tomado, sorprendido en su cuerpo, particularmente en su tono (por su doble condición psicosomática), para que atestigue y exprese antiguos desencuentros que no ha podido metabolizar”.

La psicomoticidad entiende a la perturbación psicomotriz más allá de lo que se da a ver, no sólo en el disfuncionamiento, sino como la expresión de un padecimiento cuyo escenario es el cuerpo en su campo tónico-postural de donde emergen la motricidad y las imágenes.

Se trata de la postura y la comunicación, cuna de los intercambios con el otro, de la relación entre los cuerpos, del soporte de lo simbólico que arma distancia, diferencias y es el motor de la estructuración psicomotriz. Quiero decir que lo simbólico no está como punto de llegada o como resultante de la estructura, sino que se encuentra en los orígenes del cuerpo, armando un sentido, un destino para el cuerpo de un sujeto.

Lic. Mónica Beatriz Rodríguez

Noviembre 1998

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